domingo, 4 de septiembre de 2011

Hermanos de sangre




Baboso, ojos rojos, absolutamente repugnante. Jesús, Jesús. –Respiró el helado aire de febrero ya en el porche del hotel-. Los demás no lo vieron, pero tú sí. Y yo también. ¿Por qué? Ya quisiera yo saberlo, pero se me ocurre alguien que tal vez pueda saberlo. Ése de allí es mi coche, vamos. Sólo vayámonos de aquí.


Nora Roberts – Hermanos de sangre, trilogía signo del siete I


La estadounidense Eleonor Marie Robertson, escritora de novela romántica bajo el seudónimo: Nora Roberts, y de novela policíaca bajo el seudónimo: J. D. Robb, nos ofrece con Hermanos de sangre el comienzo de una trilogía romántica que sin embargo: no dejaría indiferentes a los adictos a las historias de fantasmas.
La trama se desarrolla en una pequeña ciudad americana, lo suficientemente aislada como para que los hechos que se suceden dispongan de cierta credibilidad, y es un escenario que cobra bastante protagonismo hasta el punto que es posible sentirlo como un personaje más en la historia. Los protagonistas sin embargo son tres niños, tres inocentes pero precoces niños de diez años que toman el relevo para intentar detener a un mal ancestral que acecha la ciudad.
En cuanto la extensión de la novela podríamos decir que es adecuada para una trilogía, es evidente al leerla que la autora ha metido bastante relleno pero éste está en la mayoría de las ocasiones cuando menos: bien encajado y su lectura se hace natural, brindándonos además la oportunidad de conocer mejor a los protagonistas y a los nuevos fichajes que aparecerán, sospecho, a lo largo de toda la trilogía.
El ritmo está sostenido por los sobresaltos pertinentes en este tipo de historias y se hace cómodo y sorprendente en ocasiones.
Tras todo lo cual puedo decir que se hace entretenido de leer, que es admisible dentro del gusto por la novela fantástica hasta cierto punto siendo mejor tolerado por las lectoras en este caso que por los lectores y no es por diferenciar géneros que lo digo sino porque la autora identifica mucho mejor los sentimientos femeninos que los masculinos en sus personajes. Que es complicado no enamorarse de alguno de los personajes principales y que me ha dejado con ganas de leer la continuación.

Título: Hermanos de sangre
Titulo original: Blood Brothers
Autora: Nora Roberts
Portada: Opal Works
Traducción: Adriana Delgado
Edición: Punto de lectura
ISBN: 978-84-663-2416-8














lunes, 25 de febrero de 2008

Moda y Estilo

Los incesantes zarandeos de aquella ingente masa de adictos la hacían seguir despierta. Un enloquecido especímen, cargado de bolsas con un número cincuenta estampado en rojo, casi la derribó de un tremendo golpe con lo que parecía una caja de zapatos. Era uno de julio y se encontraba en pleno centro de Sevilla. Se había robado horas de sueño para ser la primera en llegar a la apertura de una nueva tienda. Era una gran oportunidad, cierto, pero el número de personas que le intentaba quitar del sitio y la agresividad que mostraban era excesiva. La noche anterior había oído la noticia en la radio: se abría una nueva tienda de ropa y habría una gran promoción de apertura. Los dueños tuvieron la genal idea de ofrecer el primer día de las rebajas cualquier prenda que estuviera a la venta, gratis, con la única condición de que los clientes se dejaran asesorar por los vendedores y que éstos considerasen que la prenda le sentaba bien al cliente.

Eran las doce de la mañana y aún no habían abierto, algunas personas llevaban cuatro horas o más allí, la expectación ya era máxima. Un dependiente se acercaba a la reja mirándo a la multitud de afuera con aprensión.

Otro pisotón más, un nuevo bolsazo de pijo cargado de compras, un empujón de la anciana que tenía detrás y hasta un pellizco de una rubia adolescente. Estaba harta y le dolía ya todo el cuerpo de la tensa y larga espera. No iba a soltarse de la maldita reja porque ella llegó primero, nadie le podría arrebatar eso.

El dependiente que coge aire y punlsa un botón. La reja sube y, antes de que le llegue a la cintura, el gentío la empuja contra ella auque grite pidiéndo un poco de calma. Tres manos intentan apartarla para abrirse camino bajo la estructura aún a medio izar. Algunos ya han logrado entrar y abordar a un vendedor, previo arrastre por el piso cual gusanos. Y en un último empujón logran entrar a la vez cientos de personas, agachándo ya solamente a cabeza para pasar por debajo. Sin embargo un cuerpo inerte con una brecha en el parietal ha quedado en el suelo, sangrando profusamente por la cabeza y con los ojos en blanco, la primera persona que se agarró a la reja ha perdido el turno y la vida de una misma tacada.

Un cartel sobre la puerta reza: "Moda y estilo. Déjate asesorar hoy y llévate ropa gratis".











domingo, 5 de agosto de 2007

UNDERWORLD






El condenado vampiro trató en vano de detener a la enorme y salvaje criatura, pero la bestia del infierno era demasiado fuerte, demasiado grande. Unas mandíbulas poderosas se cerraron sobre la garganta de Nathaniel y los colmillos de marfil destrozaron su cuello. Brotó un aullido horrendo y la fría sangre de vampiro regó los raíles del metro.
UNDERWORLD, de Greg Cox


Este libro que nos ocupa no es la novela en la que se basó la exitosa película: Underworld, más bien al contrario, se trata de la novelización del guión de dicho film. Salió al mercado en el mismo año de la película y no cosechó demasiado éxito, duró apenas unos meses en las librerías para luego desaparecer; en la actualidad parece estar descatalogado y es muy difícil de encontrar en las tiendas físicas.
Hoy en día ya existe una segunda parte de la película: UNDERWORLD: EVOLUTION y hay muchos rumores sobre la tercera parte.
El autor deja satisfechos a los seguidores de la saga cinematográfica en ésta primera entrega, puesto que es totalmente fiel al guión y los lectores pueden disfrutar de un libro que concuerda punto por punto con la película a la que se refiere. Ventajas de la adaptación al formato de novela de guiones ya rodados, sin duda alguna.
El género que nos ocupa es, innegablemente, terror puro y duro. Podremos ver cierta “casquería” pero no nos hallamos ante una novela que se centre en ello. El tema principal es un poco distinto, realmente podría decirse que es una historia romántica y pasional a la par que monstruosa.
Underworld nos atrae irremediablemente hacia el lado oscuro del miedo, hacia la forma de pensar de los vampiros y licanos más que hacia la humana a la que estamos acostumbrados. Entramos pues en el mundo de los mitos de la mano de una vampira principalmente: Selene. Descubrimos su forma de vivir, sus reglas, su guerra inmortal y que por muy fuertes que sean los personajes que nos acompañan serían ridículos si dejaran de tener miedo. Un miedo que nos transmiten en escenas de cierta claustrofobia y odio exacerbado.
No puedo pasar por alto que esta edición que tengo en mis manos tiene una gran desventaja para disfrutar plenamente de su lectura, pues consta de múltiples errores de ortografía y gramática que no atino a saber si son culpa de las correcciones, de la traducción o de la impresión. Quizás de todo en general y en última instancia podría decirse que, sencillamente, ha sido una edición poco cuidada. Lo cual deja un amargo sabor al leer cada una de sus páginas y la duda de qué quieren decir las frases en decenas de ocasiones. Ignoro si hubo posteriores ediciones en las que se corrigieran estos errores, pero por el tiempo que estuvo este ejemplar en las estanterías podría decir que sólo hubo una primera edición de la novela.
En cualquier caso, si el lector es capaz de abstraerse de estos pequeños incordios podrá disfrutar de una gran aventura y entender mejor a los personajes de la película en la que se basa. Recomiendo su lectura encarecidamente, pues es un ejemplo de lo que está alcanzando el género en cuanto a tecnología y puesta en escena, leerlo es como ver el film de forma exquisitamente mejorada.

Título: UNDERWORLD
Titulo original: UnderWorld
Autor: Greg Cox
Basado en el guión de: Danny McBride
Traducción: Manuel Mata
Corrección: Arturo Alonso
Edición: La Factoría de Ideas / Solaris Fantasía
ISBN: 84- 8421 - 946 - 1









sábado, 31 de marzo de 2007

La danza de la muerte



-Pendergast se inclinó para mirar a D’Agosta. Sus ojos brillaban en la penumbra -.Si no le paramos los pies a Diógenes, es posible que mueran todos mis allegados, y eso, Vincent, lo incluye a usted con toda seguridad.

La danza de la muerte, de Douglas Preston y Lincoln Child

La danza de la muerte es la penúltima novela traducida al español de estos coautores. Le sigue: El libro de los muertos, que apareció en nuestras librerías este mismo 30 de marzo de 2007.
Muchas personas creen que el libro que nos ocupa es una segunda o tercera parte de una serie, pero en realidad el tema en el que se centra viene siendo perfilado desde muchos libros anteriores en los que aparece el misterioso agente especial Pendergast, por uno u otro motivo. Así tenemos que desde: El ídolo perdido, pasando por: El relicario, Los asesinatos de Manhattan, Naturaleza muerta y, por último: La mano del diablo, hemos podido observar cómo la trama secundaria referida a la familia del prodigioso agente se ha ido imponiendo al resto de historias hasta cobrar auténtico protagonismo.
La danza de la muerte, clasificada incansablemente como novela policíaca, no es en realidad tan fácil de encasillar, realmente es una mezcolanza de terror y suspense con toques de ciencia-ficción; dentro del aire de novela policíaca al que achacan todo su contenido y potencial desde un principio.
El libro comienza presentándonos una escena de momento inconexa con el resto del argumento, que sin embargo nos hace estremecer y atisbar lo que podemos esperar de él, y prosigue intercalando puestas al día de antiguos personajes de otros de los muchos libros de Douglas y Lincoln, lo cual constituye una auténtica gozada para los seguidores de éstos.
A partir de las “presentaciones” nos vemos inmersos en un ritmo bastante fuerte, de persecuciones y hábiles engaños, que nos hechizará y dejará algo perplejos si tenemos en cuenta que el ritmo de los libros de Preston y Child no suele ser tan rápido estando aún tan lejos del final.
El hecho de que enseguida se vislumbre la trama, que se pongan tantas cartas sobre la mesa de momento, puede sorprendernos porque no es el estilo característico de estos coautores, pero como todo en sus novelas: tiene su razón de ser.
Finalmente nos encontraremos con que, dentro de las redes de hábiles engaños, hay muchos más de los que creíamos en un principio y nos sentiremos agradablemente desconcertados. A pesar de que alguno se sienta un poco timado por el hecho de que ciertos giros parezcan ser descarados cambios de última hora sin pies ni cabeza, si es seguidor de los personajes no le pesará la tomadura de pelo.
Su lectura es entretenida y completamente obligatoria para los lectores de las anteriores obras, la aparición de tantos antiguos personajes y su interrelación pasada, presente y futura os conmoverá.

Título: La danza de la muerte
Titulo original: Dance of Death
Autores: Douglas Preston y Lincoln Child
Portada: Anglofort, S. A.
Traducción: Jofre Homedes Beutnagel
Edición: PLAZA JANÉS
ISBN: 84-01-33577-9










sábado, 24 de febrero de 2007

Numani y el cambio gastronómico

Numanibhenumu se asomó a la entrada de su cueva al sentir un terremoto de alrededor de 3,5 en la escala gnomil; si por casualidad os preguntáis cómo una gnoma puede intuir a cuánto asciende la intensidad de un terremoto sólo con sentirlo os diré que los gnomos, como los pájaros, son extremadamente sensibles a las vibraciones, y más aún los habitantes de las cuevas del desierto Némuta, más conocido por el resto de gnomos del mundo civilizado como: Arena de Bárbaros. Para unos seres que miden apenas unos centímetros más que una cajetilla de tabaco y que tienen pánico fundado a que se los coma el vecino: es importante saber diferenciar la intensidad de las vibraciones de la tierra. Un gnomo produciría un 0,2 en la escala, así que un 3,5 podría ser una bestia de cuatro patas y unos 10 metros gnomiles* correteando por el desierto. Al divisar a lo lejos a un morador del desierto se tranquilizó. Ellos solían pasar de largo ante las cuevas de los de su raza, o no les veían o no querían verlos. Nunca se habían preocupado de esos extraños seres vestidos con túnicas y trapos en la cabeza, les preocupaba más la presencia de sus propios congéneres, puesto que ella podía significar la peor de las muertes.
Giró sobre sus talones haciendo ondear miles de trenzas rubias y entró de nuevo en la cueva. El pelo de Numanibhenumu era de color rubio platino, un rasgo poco común entre los dueños del Némuta: la raza Bhenumu. Su madre no fue una Bhenumu, eso era todo lo que sabía de ella, no era de piel y pelo oscuro como aquellos gnomos hostiles, y entre los gnomos eso se notaba mucho, la aparición de un gnomo de otra raza en el árbol genealógico podía tener consecuencias sorprendentes en el color de los descendientes, sobre todo si este poseía el gen dominante entre ellos, que les hacía tener los ojos azules y el pelo rubio platino. Sólo las tribus aisladas se podían librar por completo de ese gen dominante que, dada su fisonomía, les hacía parecer adorables bebés de anuncio de pañales.
Una vibración que se salía de la escala gnomil hizo aparecer una sonrisa en los labios del pequeño ser, sonrisa que parecía angelical hasta que se hizo tan abierta que dejó ver sus dientes afilados como agujas, que le daban un aspecto cruel e insólito. Corrió hasta la entrada de la cueva de nuevo gritando: ¡Dinosum, Dinosum! Y no pareció horrorizada cuando vio ante sí al escamoso bebé de tiranosaurio que medía más que su hogar entero.
-Nudadi, dira lo que te traidgo.
-¿Qué dices?- respondió ella, pero calló al ver un objeto brillante entre los dientes asesinos del dinosaurio y quedó expectante.
Dinosum era el mejor amigo de Numanibhenumu, no os parecerá tan extraño si os digo que los tiranosaurios no comen gnomos y los gnomos del Némuta sí lo hacen.
Depositó con cuidado el objeto en la entrada de la cueva, medía un metro y era dorado y resplandeciente. Ella le dio la vuelta y quedó asombrada por su belleza. Tenía un brazo curvado en un lado y un saliente en el otro.
­-Necesitas magia verdadera para lograr tu deseo y yo te he traído magia verdadera.
-Dinosum, ¿de dónde has sacado esta maravilla?
-Del campamento de los moradores.
-Y... ¿qué es?
-Numani, es magia, ya te lo he dicho.
La mente del pequeño ser se puso a trabajar de inmediato, ¿le había dicho el dinosaurio que ese objeto era magia? Pero ¿podía la magia ser un objeto? Mientras hacía estas reflexiones se apoyó distraídamente en el brazo dorado y algo extraordinario sucedió: el objeto se redujo de tamaño hasta acoplarse a su mano.
-¿Lo ves? Magia- asintió muy serio el tiranosaurio. Los dinosaurios rara vez aprendían a hablar gnomo, era un esfuerzo muy grande para su reducido cerebro y sus poco aptas cuerdas bucales, así que la mayoría de las veces lo que decían era muy primario, muy simple.
-Magia- repitió Numani de forma reverente.
Empezó a darle vueltas de nuevo a su deseo, era lo que más quería en el mundo y le parecía que no era una idea tan descabellada el que sus compañeros de tribu no se comieran los unos a los otros. Era una costumbre ancestral y el jefe de la tribu, Asjarbhenumu, tenía miles de respuestas a por qué existía. Pero a ella no le satisfacía ninguna. No podía creer que en una disputa por cualquier tema con alguien de la tribu el que ganara hubiera de comerse al perdedor, puesto que sólo los más fuertes habían de sobrevivir y el servir de alimento para un congénere era la humillación más grande que podía tener que soportar un Bhenumu vivo; a los muertos, sin embargo, se les honraba consumiendo su cadáver en una ceremonia muy respetuosa, que Asjarbhenumu insistía en llamar trasvase corporal. La misma Numanibhenumu tuvo que realizar esta ceremonia cuando murió su madre, pero era tan pequeña que sólo pudo comer una mínima parte, a pesar de corresponderle por entero al ser su única hija. Sólo los descendientes del mismo sexo que los muertos podían consumar este acto, así que todo lo que no fueron los ojos, que fueron ingeridos por ella, se consideró una gran pérdida para la herencia corporal de la criatura, que por entonces apenas andaba.
Un bramido ensordecedor cortó los pensamientos de la criatura rubia, la madre de Dinosum lo llamaba para el almuerzo. Éste irguió el cuello y olisqueó el aire.
-Si sacas brillo a esa cosa te concederá lo que le pidas.- dijo antes de marcharse corriendo a grandes zancadas por el desierto.
-¡¿Cómo lo sabes?!- gritó ella.
-¡Los moradores lo usan!- respondió él sin dejar de alejarse.
Nada más volver al interior de la cueva pensó en lo triste que había sido su vida desde que no pudo realizar el trasvase corporal por completo, la tribu la miraba con pena, las abuelas gnomas comentaban lo delgada que era para la edad que tenía y su padre la insultaba por cosas sin sentido como tener el pelo del color del de su madre, aunque ella no era capaz de defenderse de esos ataques verbales por la regla de los enfrentamientos entre Bhenumu, no quería ganar y tener que comerse a su padre o perder y que él se la comiera. Y así trascurrió el tiempo hasta que su padre la abandonó siendo ella una adolescente. Ahora que era adulta y comprendía que la regla del canibalismo era una aberración que le había amargado la vida; quería ser la Bhenumu que cambiara la historia. Frotó el objeto con rapidez en una de sus mangas mientras pensaba: quiero un cambio gastronómico, quiero un cambio gastronómico... ZAS, en un torbellino de todos los colores del arco iris apareció un ser morado, regordete y con una expresión de sorpresa que pronto cambió por otra de decepción al ver a la pequeña criatura que lo había invocado.
-Un cambio gastronómico...- dijo calculando cuántas neuronas podía tener la mente de aquel extraño bichito de trencitas rubias que tenía delante- Tendrás que especificar más.- Determinó dando por terminado su examen y concluyendo que como mucho serían dos en triste charla dentro de su cabeza de chorlito.
Numanibhenumu decidió no amedrentarse ante aquel mago y, queriendo aparentar que hacía cosas así todos los días le dijo:
-Quiero que la gente de mi tribu no cometa más canibalismo.
-Ese es un deseo demasiado grande para mí, no está en la mano de ningún genio el realizarlo.
-Entonces no me sirves...- empezó a alargar el brazo para soltar la lámpara mágica.
-Pue... puedo ayudarte pequeño ser- dijo el genio nervioso; llevaba ciento sesenta y nueve años dentro de la lámpara y sabía que si su nueva dueña soltaba el asa él volvería a estar preso dentro.
-¿Cómo?
-Sé quién puede realizar esa magia tan poderosa.
-¿Y qué conseguirás tú a cambio de esa información?- dijo la criatura que no tenía ni una trencita de tonta según los cánones gnomos.
El genio la miró de hito en hito, ¡esa especie de bicho de ojos redondos como canicas le estaba proponiendo un trato!
-Criatura, yo debo concederte los deseos que estén a mi alcance, es mi deber como genio, el tuyo como... peticionaria- no quería que la gnoma supiera que era su dueña- es darme la libertad después. Como no puedo concederte este deseo intentaré que lo consigas de otro modo. Al este del desierto hay un laberinto de piedra, en su centro habita un minotauro muy poderoso, él puede concederte tu deseo, yo te daré las claves para encontrarle dentro del laberinto y a cambio tú me concederás la libertad como si yo hubiera podido concederte tu deseo desde el principio.- El genio contuvo la respiración recordando la primera regla del encantamiento que le encadenaba a la lámpara: Sólo podrás ser liberado si un dueño de tu lámpara te libera en el primero de sus deseos. La segunda regla especificaba que la palabra “Deseo” era la que había de preceder a cualquiera de éstos, por eso el formulado por la gnoma no contaba todavía y si tenía el suficiente tacto lograría que el primero que pronunciara fuera el de su libertad.
-Me parece justo- dijo Numanibhenumu pensando que su deseo merecía cualquier esfuerzo- dime las claves del laberinto.
-Sigue el camino de la derecha siempre y encontrarás el centro enseguida. No hay ningún peligro en el laberinto, no temas.
La sonrisa del mago morado le resultaba sospechosa a la gnoma, pero no tenía más opción que creer lo que le decía.
-Gracias mago.
-Ahora repite: Deseo que éste genio quede en libertad.
-Deseo que este genio quede en libertad.
-¿Deseo concedido!- gritó él con júbilo.
La lámpara empezó a quemar la mano de Numanibhenumu, la soltó bruscamente y explotó. El genio perdió su color morado y pasó a ser negro en un remolino de humo con olor a azufre. Su risa inundó la cueva y asustó a la pequeña criatura. Trasformado en humano tuvo que agacharse para salir por la pequeña entrada, se marchó y no dijo ni adiós.
La gnoma empezó a hacer el equipaje y pronto se deshizo de su miedo, iba a cambiar a su tribu. Con algunos víveres en una mochila salió al atardecer. Caminó toda la tarde y luego toda la noche, por la mañana comenzó a creer que la habían engañado, pero su determinación la hizo seguir. Al medio día encontró unos muros de piedra, los rodeó y encontró la enorme entrada del laberinto.
-El centro del laberinto está siguiendo todas sus calles a la derecha- se repitió en voz alta.
Una vez giró la primera vez a la derecha encontró una trampa en el suelo, demasiado grande para ella. Desconfió aún más y empezó a usar su sentido de orientación gnomil para encontrar el centro del laberinto. El camino que le indicó éste fue hacia una pared, la miró atentamente y encontró una piedra de dos metros gnomiles suelta, así que pasó a través de la pared y siguió haciéndolo con todas las que estaban en medio del recorrido que había de seguir durante todo el día sin desviarse un milímetro de su camino. De noche encontró una casa al pasar a través de la última pared. Un ser con dos piernas y cuernos salió a recibirla.
-Oh, dios mío, ¡visita! ¡qué bien! ¡qué bien! ¡qué bien!- gritó con voz aguda pegando saltitos -Desde que mi ex-novio me encerró en el laberinto por haberle encadenado a una lámpara no he visto a nadie, ¿quién iba a imaginar que convencería a alguien para que deseara construir este laberinto? Es un genio malvado.
La mente de la gnoma relacionó ideas enseguida y respondió:
-Tu ex-novio es un genio malo... pero él me mandó aquí.
-¿Cómo puede ser?- dijo el minotauro serio de pronto- ¿qué trato has hecho con él?
-Él me dijo que no podía hacer que mi pueblo no fuera caníbal, pero que tú sí, a cambio me pidió que le diera la libertad porque él me facilitaba cómo satisfacer mi deseo.
-¿Lo has liberado?
-Claro, es lo que tenía que hacer.
-Se ha quedado contigo pequeña. Ahora los dos estamos encerrados aquí y yo sólo tengo el poder de crear genios, no puedo cambiar las costumbres de tu pueblo.
-¿No puedes?- los ojos celestes de Numanibhenumu se inundaron de lágrimas.- Tu ex-novio es muy malo, me engañó. Pero... ¿tú puedes volver a encadenarlo?
-Claro, pero no sin verle y no puedo ir a donde esté.
-Yo entré y sé que puedo sacarte.
-Imposible... no puedo pasar por la abertura del primer muro... tengo pánico a los conejos.
-¿Cómo?- la gnoma se acercó a la entrada al centro del laberinto que ella no había tenido que usar, el minotauro gritó y del cielo empezaron a caer miles de conejitos blancos de ojos rojos que al llegar al suelo desaparecían mágicamente. Le entró el pánico al pensar que la podrían aplastar, aunque no podían hacerlo porque eran conejitos virtuales, pero ella no lo sabía.- Me van a aplastar, ¡Socorro!
El minotauro dudó un momento pero luego hizo de tripas corazón y rescató a Numani gritando histerico.
-Puedes pasar la lluvia de conejitos...
-Es cierto.
-No te eches atrás ahora, vamos. Corramos hacia la puerta.
Así lo hicieron y gracias a la vista y el sentido de la orientación de la gnoma y al tamaño de las zancadas del minotauro encontraron pronto la salida. Cuál no fue su sorpresa al encontrar al antiguo genio subido a un muro del exterior cual reportero de programa del corazón.
-Shhh- dijo el minotauro mientras sacaba de no se sabe dónde una varita morada.- Genius mortificus.
El hombre calló en un remolino de todos los colores del arco iris y quedó atrapado en una lámpara dorada que apareció de la nada.
-Frótala y pide ahora tu deseo. Usa la palabra deseo antes y añade que el genio no salga de la lámpara ni ahora ni nunca jamás detrás de éste.
Numanibhenumu lo hizo.
-Deseo que mi tribu no se coma a sí misma y que el genio no salga de ésta lámpara ni ahora ni nunca.
Un horrible sonido gutural salió de la lámpara seguido de un amargo: Deseo concedido. Y así fue cómo, queridos lectores, los Bhenumu no volvieron a comerse los unos a los otros, lo cual benefició mucho las relaciones de pareja entre los pertenecientes a la tribu.





* Por si alguien se lo pregunta, que ya es mucha curiosidad la que demuestra esa persona al cuestionarse semejante cosa, un metro gnomil equivale exactamente a lo que mide un gnomo, osease: más o menos una cajetilla de tabaco.










miércoles, 21 de febrero de 2007

El relicario



Pendergast extrajo los objetos y los extendió sobre la mesa de trabajo de Margo. D’Agosta los cogió de inmediato y los examinó.
-¿No podrían ser simplemente deshechos? –preguntó.
Pendergast negó con la cabeza.
-Estaban colocados con sumo esmero, casi con cariño, como reliquias en un relicario.
-¿Un qué?
-Un relicario –repitió Pendergast-, un lugar donde se exhiben objetos venerados.


El relicario, de Douglas Preston y Lincoln Child



El relicario es la segunda parte del exitoso libro: El ídolo perdido; libro que dio lugar a una no demasiado aclamada película, titulada, por error o por puro márketing, como el segundo libro: The relic, aunque no esté basada en éste.
Esta segunda parte es en toda regla la típica vuelta de tuerca a los hechos sucedidos en el libro primero, pero en cualquier caso sorprendente y necesaria; una vez que se ha leído resulta imposible pensar que la historia pudiera acabar de otra manera.
Esta historia perteneciente al género de terror, se ambienta en escenarios reales tomados por los autores de forma ficticia y en ello reside el sobrecogimiento que invade al lector en determinadas escenas, en que se identifica con el mundo real y le enseñan una parte que desconoce y puede por ello creerla.
El ritmo del texto es en principio entrecortado, pues Douglas y Lincoln gustan de intercalar sucesos que en primer momento el lector no relaciona con nada, pero, una vez bien acopladas las piezas que forman estos actos con el resto de la historia, se forma un puzzle en el que el lector se dirá eso que nos decimos muchos cuando nos revelan la solución al problema que nos trae de cabeza: “pero si estaba ahí, está claro y yo ni lo he visto”. Hacia la mitad del libro la acción discurre con más rapidez y te hace ver que la solución al enigma planteado sobre la mutación genética en la que se basaba el anterior libro, esa que ya creías conocer, y que es mucho más enrevesada de lo que llegaste a creer, se acerca. Al final, el ritmo, como en la mayoría de los libros de estos coautores, es trepidante, te deja pegado al sillón, leyendo como un poseso y esperando el desenlace.
Preston y Child tienen la habilidad de aclarar todas las dudas del lector al final de este libro, con explicaciones científicas dignas de un relato de ciencia-ficción, y dejan abierta la vida de los entrañables personajes que han tenido la amabilidad de presentarnos. Vidas que siguen en muchos de los libros posteriores, pero siempre supeditadas a las historias terroríficas en las que se ven implicados.

Su lectura es altamente recomendable para todo aquel que guste de las historias que te dejan clavado al sillón y te hacen mirar hacia la puerta porque... ¿acaso no se ha movido?


Título: El relicario
Titulo original: Reliquary
Autores: Douglas Preston y Lincoln Child
Portada: Shelley Eshkar
Traducción: Carlos Milla Soler
Edición: DEBOLSILLO
ISBN: 84-8450-221-X


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